14.7.09

Milanesas a la caballo de Troya

Para 10.000 guerreros

5000 kilos de bola de lomo de ternera
2000 kilos de ambrosía rayada
200 cabezas de ajo o 1000 dientes de león
100 ramilletes de perejiles de cualquier guerra anterior
100 kilos de sal marina filtrada y iodada
especias varias
20.000 huevos troyanos
Grasa griega en abundancia


Tómese la bola de lomo y córtese fina, pa' que rinda.
Sálese.
Cástrese del huevo izquierdo a los troyanos.
Cásquese.
Bátase la mitad de los huevos y adiciónesele todo lo que ya saben.
Pásese por la ambrosía rayada.
Palmotéese para dar forma de milanesa.
Fríase en abundante grasa.

Para hacer los huevos fritos
Cástrense del huevo derecho a los troyanos.
Cásquense.
Pónganse 200 griegos desnudos ante las sartenes.
Échense los huevos en la grasa y fríase a fuego lento, según las indicaciones de Horacio Salgán.
Sírvase montando los huevos sobre las milanesas.

Recomendaciones.
Descártense los huevos sanguinolentos, prueba de castración violenta.
Téngase cuidado de no usar huevos derechos en las milanesas e izquierdos en los fritos.
Compruébese el estado de la ambrosía ya que tras 10 años de asedio puede estar rancia.
Cómase antes de que las yemas se coagulen porque de hacerse así puede causar daños irreparables en las arterias.

20.1.09

¿Está aprendiendo a cocinar? ¡Despreocúpese!

Para vos, joven mujercita en edad de merecer.
Para usted que ya no se cuece en el primer hervor.
¿Quieres sorprender a tu pareja con algo distinto? ¿Te gustaría esperarlo con una cena lista, pero no sabes cocinar ni salchichas de Viena?
Para todos aquellos y aquellas que no quieren quedar relegados y sueñan con subirse al tren culinario tan de moda por estos días, tengo para ustedes la receta ideal.
No se pasa nunca de punto (y si se pasa, no hay problema: se auto soluciona).
Auto-gestionamiento de sus propios ingredientes. Auto-reciclable. Sin horno. Sin gastar gas.
La comida perfecta, en suma.

Ingredientes necesarios:
Un (1) Ave Fénix mediano (del tamaño de un águila, aproximadamente).
Especias.
Finas hierbas.
Un matafuego
¡Nada más!

Preparación:
1-Activar el Ave. De no tener a mano un ángel para que lo haga mediante su espada flamígera, pelar un clave eléctrico y descargarle durante cuatro segundos 220 voltios de corriente alterna.
2- Dejar al alcance de la susodicha, especias a elección y finas hierbas. Ella solo se encargará de formar una especie de guarnición en forma de nido.
3-Controle que ella ponga un huevo. No haga nada con él; solo observe y espere.
4- IMPORTANTE: armarse de paciencia y esperar tres días.
5- SUMAMENTE IMPORTANTE: tenga a mano el matafuego.
6-No se alarme si luego de pasados los tres días el Ave se prende fuego espontáneamente: es parte de su naturaleza. Coja (perdón) el matafuego y rocíe al ave hasta que este se extinga por completo.
7- Servir acompañado con la bebida que más le plazca. Un consejo: el vino de misa sería lo ideal.

Opciones:
En caso que el matafuego haya estado vencido y su preciada avecilla haya quedado convertida en cenizas, no se preocupe, se auto-reciclará y no habrá perdido nada. Del huevo renacerá ella misma. Eso sí, tendrá que poner a prueba su paciencia, ya que esto ocurre cada quinientos años.

19.1.09

Niños envueltos

No sea zonzo. No vamos a escribir algo de humor recurriendo al remanido chiste de “tómese un niño, preferentemente de corta edad, envuélvalo en su mantita preferida, luego en celofán e introdúzcalo en el horno, todavía a baja temperatura, así sufre más durante la cocción, etc, etc, etc.”

No.

Se trata de una recomendación para cocinar niños envueltos, como contraposición a niños desenvueltos; es decir para cocinar a niños timoratos, asustadizos, indecisos, apocados, miedosos, temerosos, tímidos.

Como padre, a usted habrá pasado por una situación semejante a ésta: reunión de amigos en su casa, nene vení y recitale el canto cuarto de la Odisea que te enseñaron en la escuela acá a los señores (ya sabe usted, ese que empieza “Apenas llegaron a la vasta y cavernosa Lacedemonia, fuéronse derechos a la mansión del glorioso Menelao …” ) y el mocoso insolente, con su mejor cara de medavergüenza se niega, haciéndolo quedar a usted francamente mal delante de las vistas. Hágame caso. Cocínelo. Deshágase de la sanguijuela e invite a comer a los mismos que no pudieron escuchar el recitado la vez anterior; que a esta altura, por las dudas, se habrán aprendido la Odisea entera.

Por la pérdida del infante no se haga problemas. Después hace otro con la patrona.

18.1.09

Africa mía

―Doctor Livingstone, supongo.
―No exactamente. Soy doctor, sí, y mi apellido comienza con L, pero no soy Livingstone.
―Ah. Henry Stanley, mucho gusto.
―Eso espero, eso espero…
―¿Disculpe?
―No, nada, pensaba en voz alta. Pero no se quede parado allí en medio de la jungla. Lo invito a mi cabaña, justamente estaba probando una receta local y me encantaría que usted me ayudara a prepararla.
―Oh, muy amable, doctor… ¿Cómo me dijo que se llamaba?
―Lecter. Doctor Hannibal Lecter.
―Nuevamente: mucho gusto.
―Nuevamente: eso espero.

17.1.09

Krill a la fitoplancton

La cocina regional es la que se hace con los productos que naturalmente crecen en cada región en particular. Así tenemos la cocina mediterránea, oriental, etc.
Esta receta pertenece a la región antártica, donde, como es bien sabido, lo que más abunda es cubito de hielo. Pero si busca bien... algo va a encontrar para la hora de manducar. Un plato fácil y sabroso es el “Krill a la fitoplancton”.

Ingredientes:
3 kg. de krill (un bicho parecido al langostino pero más bigotudo)
½ kg de fitoplancton (no confundir con Fito Páez. Es como una verdurita microscópica).
Grasa de foca, un trozo.
1 huevo de pingüino (sí, hasta en esto está metido...).
líquenes y musgo para decorar (haga de cuenta que es lechuga).

Preparación:
Este plato lleva un día entero de recolección y diez minutos de cocción.
Si bien es un plato fácil de preparar, la verdadera odisea es conseguir los ingredientes. Como sabrá, no los va a conseguir en el supermercado, así que tendrá que ir usted misma en su busca. Se emponcha bien, se calza botas hasta la rodilla, lleve los aparejos de pesca y sale de recorrida: comience a las 22 horas.
El krill se captura con red, en la superficie helada del mar, de noche y con un reflector para atraer al cardumen.
El fitoplancton es más complicado, pero lo reconocerá pues flota como aserrín en el agua, sólo que más verde y espumoso. Tenga cuidado porque es resbaloso al tacto, júntelo con colador de té, bien temprano al amanecer.
Para hacerse de grasa de foca deberá buscar entre las rocas; en la costa suelen quedar restos, luego de que un predador se haya alimentado.
Para hallar huevos de pingüino... (no sea obscena), camine por la playa al mediodía, imitando su andar bamboleante, porque si la descubren la atacan a picotazos entre todos (suelen hacer eso, sí...). Camine con ellos hasta que lleguen a la zona de nidos (posiblemente deba trepar por los acantilados), y tome un huevo con disimulo. Salga de allí lo más rápido posible.
Ya llegando al atardecer, olvide el cansancio y busque un sector de rocas porosas: allí encontrará adheridos el musgo y los líquenes. Como no podrá transportar las piedras, raspe los huecos con un cuchillo afilado y arranque trozos de vegetales. Tenga especial cuidado con los bordes cortantes de las piedras.
De regreso en su refugio, si no cae extenuada (recuerde que salió la noche anterior), tome una cazuela y derrita la grasa de foca. Pele los krill sacando antenas y patas pinchudas. Saltéelos en la grasa 5 minutos. Agregue el fitoplancton y reserve. Bata el huevo, sazone con sal y pimienta (eso debería tenerlo entre sus provisiones habituales...) y vierta sobre el preparado. Lleve a fuego diez minutos hasta que cuaje y tome cuerpo de tortilla. Desmolde sobre una fuente y decore con el musgo y liquen previamente enjuagados.
Ahora sí... a disfrutarlo, solita. (No creo que nadie se atreva a vivir con usted en semejante clima...).
Bon apetit!

16.1.09

Recetas históricas

Una tarde calurosa de principios de junio, Herodes Antipas, su esposa Herodías y el prefecto romano Valerio Grato, conversaban amigablemente en los jardines del palacio real de Séforis.
— ¡Me encantan los niños! — decía Herodes — Mi padre; El Grande, Yavhé lo tenga a su lado; me enseño a prepararlos al horno de barro, y con guarnición de arvejas. ¡Son una delicia, mire! Yo le pongo un mejunje que preparo con sal, aceite de oliva, un poquito de albahaca y laurel. Y lo acompaño con un buen vino oscuro de los montes de Yahad. Ahora, eso si, para que sean tiernitos, deben tener menos de dos años. Más grandes, no sé, como que la carne se pone muy fibrosa.
— Lo que le recomiendo que pruebe— acotaba Herodías — es la cabeza de esenio. Hace un tiempo hicimos una, hervida en aguas de melisa y eneldo frescos; y la servimos con zanahorias, puerros y cebollas; un adobe mezcla de tomillo, orégano y salvia, y perfumada con cardamomo y regaliz; ¿Cómo se llamaba este monje, esposo mío?
— Juan
—¡Eso! Juan. El bautista. Como sea, un manjar. Estos esenios ayunan tanto, que la carne, bien magra, me ayuda magníficamente en mi dieta.

15.1.09

¿Qué hacer si su pareja ronca?

Nadie pone en duda que el ronquido es un sonido muy molesto para los que dormimos —o intentamos dormir— junto a un roncador y nos despertamos sobresaltados por esa extraña emisión sonora, mezcla de bufidos, resoplidos, gruñidos y frenéticos raspaderos de faringe. Si ustedes una víctima consetudinaria de un roncador, pruebe con estos sencillos trucos:
1- Haga que cambie de posición; para eso, puede efectuar varias maniobras, tales como: Empujarlo hasta que caiga de la cama; eso lo despertará y dejará de roncar, al menos por un rato (cuando esté en el piso, huya para esquivar un seguro zapatazo).
2- Girarlo hasta que quede boca abajo, con la cara hundida en la almohada; eso amortiguará el ronquido, o lo detendrá por falta de aire, o lo asfixiará y fin del problema.
3- Haga que mantenga la boca cerrada: pruebe a atarle las mandíbulas con cinta adhesiva, un hilo o un pañuelo que rodee el cráneo. Al no poder abrir la boca, no saldrá el ronquido. Otro buen truco es rellenar su boca con un trozo de algodón o de tela —lo bastante grande como para que no lo termine deglutiendo. Un buen truco sería coserle la boca, pero debería descoserla cada mañana así que no es recomendable por el consiguiente enchastre de sangre.
4- Haga que se despierte: para eso hay muchas maneras, como patearlo, codearlo, pincharle la barriga, piquete de ojo, baldazo de agua, encender un reflector que apunte a su cara, gritarle al oído... usted descubrirá la forma más adecuada.
5- Haga que destape su nariz antes de ir dormir. Pruebe con una cinta destapacañerías, una manguera con agua y sal, gotas de eucalipto concentrado, mentol, o simplemente ácido muriático (ése no deja nada en el camino).
6- Haga que no beba alcohol ni tome sedantes antes de dormir. Si tiene insomnio, que se joda: despierto no va a roncar. Si desea dormir, dele un martillazo en la cabeza y listo.
7- Déle de tomar este “remedio- infalible- receta- de -la –abuela”: una taza de miel con pimienta, ajenjo y salsa de jengibre. Aunque no sea para los ronquidos, antes de volver a tomar esa porquería, seguro hace un curso para dejar de roncar.
8- No le recomiendo que le rece a San Ex- Pedito porque ése es para las flautulencias. Récele a San Ex-Gañido.
9- Hagale un tratamiento de tipo auto - hipnosis: todas las noches, que se mire al espejo y repita cien veces: no debo roncar.
10- Si nada de esto funciona, decídase por el último recurso: acomode todas sus pertenencias en una valija. ¿Para qué? Muy simple: para echarlo de patitas a la calle.

Agradecemos su consulta y no dude que estamos listos para solucionar todos sus problemas.