—¡Vieja!
―¡Qué!
—¡Se quema la comida!
―¡Estoy en el baño! ¡Revolvé vos el puchero!
Él se acercó a la cocina, tomó una cuchara de madera y la metió en la olla. Apenas la movió; entre papas, zanahorias, trozos de tomate, arvejas y ciboulettes; apareció un pequeño antebrazo y una manito izquierda, que parecía saludarlo. Luego asomó un piecito, un muslo, medio tórax, marcado con una sierra para mejor trozarlo una vez cocinado y un ojito. Los bebés humanos son riquísimos preparados según la receta de la antigua tradición.
Un cuento mío en Qubit
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La noticia es algo vieja porque el libro salió el año pasado pero recién lo
recibí ayer y por eso lo menciono hoy. Mi cuento "Las fronteras se han
hecho ...
Hace 16 horas

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